Un Ernesto Guevara sin culpa

Para los que creen que escribiendo pretendo hacer daño, liberar odios reprimidos, o buscar la simpatía de quienes con peligrosa vehemencia defienden posiciones extremas; espero que con este artículo reflexionen y entiendan que no pertenezco a la izquierda ni a la derecha. Y que para mí, los anarquistas veneran demasiadas reglas.

No son pocas las personas que comparan a Ernesto Che Guevara con Jack el destripador. Estoy de acuerdo con muchas de ellas, por ejemplo, ambos  estudiaron medicina. Hoy  no pretendo hablar de un padre tan polémico, sino de un hijo criticado, poco conocido, y con marcados valores, según mi punto de vista.

A Ernesto Guevara March, hijo de Aleida y El Che, lo acusan de ser egocéntrico. Y lo es, también es amable, cautivador, y extraordinariamente sensible. No es fácil ser uno mismo en una sociedad que se plantea igualitaria. El medio acentúa ciertas cosas, pero intentaré poner casi todo en  contexto.

Ernesto no conoció a su padre, nació en 1965  y aunque hubo víctimas de la revolución que merecen todo nuestro respeto y consideración, no podemos olvidar que corrían  tiempos de euforia y vientos de apasionamiento, las “barbas” fueron tan idolatradas como hoy la democracia. Esos hombres, devenidos en dictadores, representaron para muchos la imagen del héroe impoluto, el sol sin mácula.

Ernesto, semejante y diferente a sus tres hermanos mayores (Aleida, Camilo y Celia), se crió en Nuevo Vedado, estudió en la escuela primaria “Combatientes de Bolivia”, cursó la secundaria básica en la vocacional “Lenin”, y luego en el Pre del Vedado. Se hizo abogado, y les puedo asegurar sin temor a equivocarme que, con ese nombre, y la carga semántica que conlleva, ha sido para él tan influyente como el entorno adulador y el fantasma persistente de un padre ausente que, nos guste o no, le ha dado la vuelta al  mundo.

Hagamos un experimento. Tomemos una bandeja engrasada y sobre ella depositemos una porción idealizada de deterioro económico, la aderezamos con caos interno, manipulamos la mezcla hasta lograr una textura de apoyo entusiasta y adoración popular; llevamos el producto al horno, y después de polvorear la noche de cuchillos largos, está presto; se llama dictadura al plato. No es  complicado confeccionar una lista donde quepan los nombres de aquellos que realmente hicieron y hacen daño; pero no podemos incluir a los hijos por ser hijos.

Dotado de un pícaro encanto, Ernesto es un hombre de bien, a veces testarudo y por momentos temperamental, con un altísimo sentido de la amistad. Es un ser extrovertido y no proclive a confesiones, se ahoga en su propio volcán interior. Reconoce de buen grado sus errores, adora mantener su infancia aunque esté fuera de tiempo, y ha tenido que cargar con una injusta culpa endilgada. Entiendo que reconocer es más difícil que atacar; pero pregunte, averigüe, buscar información es muy fácil en un país donde pululan informantes ansiosos por ser sobornados. Los gatillos sólo se halan contra quienes lo merecen.

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~ por Juan Juan Almeida en diciembre 10, 2012.

3 comentarios to “Un Ernesto Guevara sin culpa”

  1. Lo que pasa es que habiendo tantas cosas que denunciar en Cuba, ahora mismo con el escritor que le han puesto 5 anios… ponerse a hablar de gente que ni fi ni fa… siempre tratando de meterle a las victimas en la cara… queda como un poco feito…porque si bien es cierto que los hijos no deben cargar con la culpa de los padres, tampoco hay derecho a estar intentando edulcorar cosas que bien sabemos tienen matices….creo que le harias mucho bien a los cubanos dejando tranquilo el tema de los hijitos de papa… al menos por el momento… no crees? porque el que busca encuentra…

  2. Documental que explica la incógnita de porque el hombre obedece a pesar de ir contra su voluntad y principios. Cuando la responsabilidad es cedida el hombre, moralmente se justifica y obra cualquier instrucción aún cuando afecta la integridad de otro ser humano. La idea es que a través de un sencillo experimento se compruebe el comportamiento del ser humano en función de un mandamiento o orden, y a que consecuencias se somete.

    En 1961 Stanley Milgram, profesor de la Universidad de Yale, realizó una serie de experimentos para determinar el nivel de obediencia a otra persona cuando esta obediencia entra en conflicto con sus valores morales y humanos. Los experimentos se iniciaron tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania. Quería responder a la cuestión de si Eichmann y sus complices, un millón de personas, actuaron sólo siguiendo órdenes. Los inesperados resultados dejaron atónitos a todos. Milgram publicó en 1974 Obedience to Authority: an experimental view, donde expuso con detalle la realización del experimento y sus espeluznantes resultados.

    El juego de la muerte es un documental coproducido en 2009 por la Radio televisión Suiza y France télévision. El documental describe un experimento realizado en Francia en 2009 para estudiar la autoridad de la televisión y su influencia sobre la obediencia. El experimento es una nueva versión del experimento de Milgram adaptado a las condiciones actuales y su objetivo es medir de manera significativa la interacción entre la autoridad de la televisión y los valores éticos de los sujetos. Se buscaba concretamente evaluar la capacidad de desobediencia del sujeto a órdenes dadas con la autoridad de la televisión cuando estas le hacían infligir daño a otra persona.Asi funciona la sociedad cubana .

    El Juego de la Muerte (Doblado al Español)

  3. La ola (Die Welle en alemán) es una película de drama alemana basada en el experimento de la Tercera Ola

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