La Habana, lujuria y engaño

Lujuria
Mirando desde el 2013, creo que las dos medidas más polémicas para la población cubana durante el año pasado, fueron la aprobación de la ley No. 113 del nuevo sistema tributario, y el Decreto No. 308, que desde su aparición en La Gaceta Oficial regula las normas y procedimientos que según el periódico Granma comenzaron a aplicarse “de forma paulatina” a partir del pasado enero.

En principio estoy de acuerdo con una nueva legislación. La economía de mi país se construyó sobre la cimiente de un sistema arquitectónico de delincuencia arbitrio, donde muchísimos truhanes, de todo el orbe, llegaron a Cuba con maletas de dinero para, evadiendo regulaciones internacionales y sin explicar procedencia, ingresarlo en nuestros bancos o invertirlo en nuestro país.

Aquí debo aclarar que algunos de estos mangantes terminaron estafados porque vivíamos, todavía no tengo claro si referirlo en tiempo pasado, en una amnistía fiscal, y moral, que entre otras cosas afectó nuestro cándido pudor isleño y, sin ánimo de justificar, nos obligó a practicar aquel mohoso proverbio de origen chino “Ladrón que roba a ladrón,….”

Una de las acepciones de la palabra libertad es ser parte de un desorden; pero aún así, los cubanos (solventes o no) debemos recuperar nuestra cultura del tributo.

Yo invito a consultar la ley que a partir de este 1ro de enero obliga a pagar sobre ingresos personales, utilidades, ventas, servicios, transporte terrestre, transmisión de bienes y herencias, documentos, etcétera. Y a revisar los nueve impuestos que, aunque visibles en el cuerpo de dicha ordenanza, no se harán efectivos por ahora.

Si escarbamos en el espíritu de esta nueva política contributiva, encontraremos que es básicamente económica. El país se cae a pedazos y en su peligrosa caída le echa mano a todo lo que esté a su alcance. Es un recurso de auxilio socorro que sólo busca recaudar, no beneficiar.

Este estatuto aprobado por los miembros de La Asamblea Nacional del Poder Popular (personas leídas, eruditas y elocuentes), es un acto de publicidad que como todo discurso en parábola no debería ser tomado en cuenta. No es más que una ley incompleta plagada de lagunas que, con sutil saturación de palabrerías rebuscadas, aparenta una perfección cuasi quimérica y logra convertir al defraudado en defraudador.

Con ánimo sancionador persigue el pequeño fraude fiscal como si la corrupción nacional estuviese en el carpintero, el zapatero, o el chinchalero; y no en los grandes capitales ni en las empresas estatales. A quién piensan engañar; hace tan solo unos años el MINFAR desembolsó una vergonzante suma de varios millones de dólares para montar un proyecto de jets privados con aviones que nunca volaron ni salieron de sus hangares porque nunca fueron comprados. Eso sí fue un mega fraude fiscal, digno de ser sancionado.

Pero la ley No. 113, y su Decreto No. 308, son movidas de ajedrez. Una fría elucubración del gobierno cubano, que escondido tras la típica treta de viejo jugador de póker, lanza al mundo, y en especial a los Estados Unidos, un mensaje de solidez y de cambio. Si la Rioja sabe a vino, la Habana a lujuria y engaño.

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~ por Juan Juan Almeida en marzo 9, 2013.

4 comentarios to “La Habana, lujuria y engaño”

  1. negro de m….da comparto la posicion y la actitud y la aptitud de los demas blogueros ,pero tu especialmente tu eres un HOPOCRITA!!! porque si alguien tuvo lujos ,buena vida y privilegios a costa del pueblo de Cuba fue usted ,das pena ,ERES INCERVIBLE… y fijate ahora no quiero la muela de que saboteo ,tu blog ,y mucho menos que soy comunista.p

    • Respetable Elena Sosa Fernández (quiero pensar que es su nombre).
      Desgraciadamente para usted, en mí no encontrará un enemigo. Hace muchísimo tiempo exorcicé de mi diccionario esa palabra y su significado.
      Ahora bien, si me permite disentir; considero que abandonar privilegios (pudiéndolos mantener con sólo bajar la cabeza) no es un acto propio de hipócritas.
      Inservible es un término relativo. Lo que es bueno para usted, no necesariamente es tomado de igual forma por el resto del planeta. 7 mil millones de personas no tienen por qué pensar igual. Por suerte.
      Pero en dos cosas sí creo que se equivoca:
      1 .- Comunista – para mí – no es una ofensa sino un concepto debatible, quizás hasta una ideología, nada más.
      2.- Y el hecho de que haya leído y dejado su opinión en mi blog, no es para nada un sabotaje sino un honor.
      Ah, y muchas gracias por lo de Negro; así me llaman mis AMIGOS, y lo llevo con orgullo.

  2. Señor Almeida, admiro la repuesta que ha dado al desaguisado de la señora Sosa. En mi pueblito, allá en Cuba, había muchos haitianos, personas muy humildes y también muy simpáticas. En especial uno de ellos, que era muy ocurrente, dijo en cierta oportunidad a un amigo mio muy chivador que siempre lo estaba mortificando: “Ustedes -los cubanos- son buena gente y a nosotros no nos importa que nos digan negros, lo que molesta es el apellido que ponen”. En este caso sucede lo mismo, la señora Sosa utilizó un “apellido” demasiado ofensivo, y aunque usted tuvo la decencia de ignorarlo, yo me doy la licencia de reprobárselo.

    • Suspicaz su amigo haitiano, estimadísimo Ramón. Sabe usted, ahora recuerdo también que cuando de muchacho me llevaban con frecuencia a recorrer la Sierra Maestra, conocí muchos haitianos y siempre me sobrecogió su impresionante humildad, y su siempre tan parsimonioso gran sentido del humor.
      Gratos recuerdo me trajo, gracias

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