Raúl Castro en busca de dinero o de hombres adinerados

Raul Castro
Hace tan sólo unos años, cuando la visible crisis financiera contagiaba los sectores de la economía nacional, y la industria cubana bordeaba la casi invisible frontera que marca la acción o la omisión que acelera la muerte a un paciente desahuciado; el General Raúl Castro, con esa impresionante forma de mostrar su patético talento, nos vendió la engañosa idea de que las Fuerzas Armadas se habían convertido en el ejemplo para “El Cambio”.

En papeles, porque ahondando en las ganancias mostradas, el sistema empresarial militar de la isla trabajaba mucho más que lo que trabaja hoy en día el abogado del cantante Justín Bieber; claro, al estar impulsada por mano de obra esclava (para ser más exacto reclutas), no había manera de medir el calculable costo de un producto, o su eficiencia laboral.

Absurdo sí, pero a fuerza de repetición, consiguió atraer la atención de quienes mueven la opinión y muchos comenzaron a creer en esa amañada sucesión de decisiones que hoy conforman lo que parece el destino de Cuba y algunos todavía llaman “Las reformas de Raúl”.

Ese grupo de medidas, o dictámenes no estructurales, que ni prestan atención a la productividad ni cambia en nada la naturaleza del sistema, y van básicamente enfiladas a legalizar, o facilitar, lo que hasta ayer era tolerado, prohibido o complicado; y llevar hasta síntomas de anemia a la practicamente difunta capacidad de los ingresos monetarios de esa masa laboral que mordiendo un ardid tendencioso y candoroso, creyó el cuento de “todos somos población emprendedora”, saltó del sector estatal al privado, y hoy, ganando más, cuenta con menos.

Evidente, no todos los trabajadores estatales cogieron las calles convencidos y creídos de tía Tata; pero a este punto de la historia, “actualizar el modelo económico” es simplemente una grosera verborrea que sirvió para disfrazar un delito consumado que debería ser juzgado, obviamente respetando las garantías procesales que debe tener todo acusado, pues sólamente un defraudado puede ser inducido a creer que después de 20 años trabajando en oficina, una persona, por arte de magia, sin aptitudes que lo avalen se transforma en zapatero, cerrajero, agricultor, barbero, tumbacoco, basurero o relojero.

La estrategia del General Raúl Castro y su séquito penitente, ha servido únicamente para simular cambios y falsear flexibilidad; para aumentar la pobreza; para abandonar a los jubilados en una población que envejece; para invertir menos dinero del estado en servicios como la salud y la educación y sobre todo intenta minimizar la estancia en el poder de una misma e ineficiente jauría gobernante.

No es casual, todo está bien pensado y fríamente calculado. Fue a finales de los 90, cuando Raúl, después de su recurrente trastorno hormonal, puso de moda la frase “Cambiaremos cañones por frijoles”. Para entonces, pocos podían comprender que no se refería a la comida, sino a la necesidad de, sin renunciar al más mínimo poder, su nueva estrategia de lucha consistía en ir en busca de dinero o de hombres con dinero que con su presencia en La Habana, le ayudaran a mostrar esa seguridad que sólo brinda la solvencia, o contar con amigos solventes.

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~ por Juan Juan Almeida en febrero 12, 2014.

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