El 5 de agosto; revuelta espontánea, respuesta esperada

En 1994, Cuba registraba el punto más bajo de una caída económica que se venía manifestando desde la desaparición del campo socialista en 1989. El gobierno estaba esperando una revuelta social en la zona oriental del país.

Se amplifica, con un peligroso porcentaje, el descontento militar debido a los despidos, y reubicaciones forzados por el MININT luego que las conocidas Causas I y II provocaran la misma resonancia que el soplo libertario que llegaba a la isla desde la Europa del Este. La crisis se agudizó por una zafra azucarera que apenas alcanzó los 4 millones de toneladas, y la inoportuna aparición de una epidemia de polineuritis que obligó a las autoridades a hacer gastos extraordinarios. El mercado negro competía con el volumen de transacciones de las tiendas estatales, pero con un nivel de precios 20 veces mayor.

El desequilibrio financiero, el déficit presupuestario y el exceso de solvencia monetaria en manos de la población, convirtieron la vida en un drama y se hizo común entre los cubanos presenciar intentos nada convencionales de salidas ilegales, como: El remolcador 13 de marzo y las lanchas de Regla y Casablanca.

El cansancio, la necesidad, la deseperanza, la indignación y los apagones. El gobierno sabía, de sobra, que todos estos componentes solo podían servír para hacer estallar una bomba por impacto que crearía el esperado motín. Para ello se preparó; pero como ya no tenía confianza en la lealtad de las unidades de Tropas Especiales del MININT, por todo lo que ya conocemos, hizo crear las Avispas Negras, una fuerza élite militar paralela con sección antimotines.

El 5 de agosto se dió la esperada rebelión social que, para pasmo del alto mando cubano, no buscaba cambiar el gobierno sino abandonar el país. Reaccionó con brutalidad ejemplarizante y contraatacó en todas las direcciones. A fuerza de golpe, truco, saña y mucha sangre aplastó a los manifestantes e infiltró la manifestación con falsos participantes que desde adentro enfriaron el arrojo del grupo, para luego impresionar a los presentes y a la opinión internacional con la presencia de Fidel en el área de conflicto.

En los medios nacionales, todos los implicados fueron obligados a exponer públicamente una opinión de repudio hacia lo que decidieron nombrar “los sucesos del 5 de agosto”.

De manera alevosa, mostraron estrategia y fuerza. Durante el resto de aquel verano, las tropas antimotines con cascos, escudos y vehículos artillados se pasearon por La Habana (especialmente en los municipios Habana Vieja, Guanabacoa y 10 de octubre) dejando en la población una siniestra, aterradora y sugerente visión, por si sucediera una posible repetición de una protesta que nunca más ocurrió.

Click aquí para leer el texto completo y ver el video incluido.

~ por Juan Juan Almeida en agosto 5, 2016.

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